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Historia

El espacio que actualmente ocupa el Paseo del Prado, en concreto el tramo comprendido entre la puerta de Atocha y las Cuatro Fuentes, era hasta el siglo XVIII una alameda, lindante con algunas huertas y con un barranco que daba lecho al arroyo de Valnegral, que venia descubierto desde los pinares del camino de Maudes, donde con posterioridad se situa el Jardin Botánico. Con anterioridad en la zona eran escasas las construcciones que podemos destacar, entre los antecedentes más significativos antes de las grandes transformaciones de finales del XVIII podemos destacar la construccin de un estanque en tiempos de Felipe II, en concreto en el año 1569, estanque donde el monarca ordenó recrear un simulacro de la toma de un castillo con la construcción de ocho galeras para recreo de la reina. Dentro de las ancdotas de la zona del Prado también podemos sealar aquella en que la condesa de Alba fue desnudada por los alguaciles por contravenir la pragmática que prohibía el uso del guarda-infante, suceso ocurrido en tiempos de Felipe IV.

Pero el surgir auténtico del Paseo del Prado como marco urbano de la ciudad de Madrid no se dio hasta el reinado de Carlos III, momento en el que se inició la transformación de la zona y su acondicionamiento como una de las principales vías de la capital. Bajo este reinado se dio paso al proyecto del ingeniero Jos Hermosilla para nivelar el terreno del Prado en sus tres partes, llamadas de San Fermín, San Jerónimo y de Atocha, con este proyecto se construy una mina que encauzaba las aguas del arroyo, desde la puerta de Recoletos a la de Atocha, obra que se complementó con la construcción de un colector en Atocha, todo lo cual permitió alisar el terreno del Prado.

También durante el reinado de Carlos III se situó en la zona el Jardín Botánico, jardín de antigua presencia en la capital y que sufrió varios traslados. Fue Felipe II, quien a instancia del médico Andrés Laguna creó el primer jardín botánico de España, junto al palacio de Aranjuez, siendo el pionero de toda Europa. Después Fernando VI instalo en la capital el jardín botánico, lo situó en el soto de Migas Calientes, a las orillas del Manzanares. Pero la continua ampliación del botánico llevó en tiempos de Carlos III a trasladar el jardín a su actual emplazamiento, al llamado Prado viejo en julio de 1774.

El recinto fue adornado con una elegante verja construida por Francisco Arrillaga y por Pedro José de Muñoz, ornamento completado en su parte central por una sencilla portada clásica de granito donde una inscripción indica que la obra fue realizado por el rey Carlos. Al fondo del paseo que comienza en al puerta que da al Prado hay una elegante portada con cuatro columnas de orden dórico, que da ingreso a la cátedra de Botánica, existiendo otro invernadero de plantas tropicales arrimado a la parte del muro que da a la calle de Espalter. También encuadran el recinto la biblioteca y el herbario, donde se reúnen mas de treinta mil especies distintas. Dentro del botánico también podemos señalar dos estatuas, una dedicada a Cavanilles y la otra a Lagasca, situadas en una de las avenidas como tributo a estos grandes botánicos españoles. A fines del siglo XIX la extensión del Botánico se vio reducida ante la privación del extenso pinar que llegaba hasta el paseo de Atocha, pinar donde se abrió la calle Claudio Moyano y donde se edifico el ministerio de Fomento.

Al otro lado del Botánico y contiguo a la Platería de Martínez hubo durante mucho tiempo desde fines del reinado de Fernando VII hasta los últimos años de Isabel II, un famoso espectáculo conocido como el Diorama, espacioso edificio en cuya parte principal estaba reproducido el interior del templo de San Lorenzo del El Escorial. Había además en los salones altos y bajos del edificio otras vistas también en diorama, como la del Coro de los Capuchinos de Roma y la del panteón del mismo Escorial.

Había también como curiosidad en el edificio un salón de física recreativa y coronaba el edificio un belvedere oriental desde el que se podía contemplar las cercanías de Madrid. Este mirador existe actualmente coronando una de las ultimas casas de la calle de Moratín, antes San Juan. Desde mediados del siglo XIX el embellecimiento continuado del paseo hizo que este se convirtiese en zona favorita de paseo de las clases altas de la capital. Fue en esta misma época cuando una parte del paseo del Prado recibe especial denominación, se trata de la calzada inmediata a las casas desde la esquina de la calle de Atocha a la de la plaza de Neptuno, donde entonces estaba el palacio de Medinaceli, tramo que desde mediados de siglo recibió el nombre de calle de Trajineros.

Entre las partes del paseo que enriquecen su belleza podemos también destacar la plazuela de las Cuatro Fuentes, fontanas proyectadas en 1781 por Ventura Rodríguez. En la misma zona hay que destacar en la esquina de la calle Lope de Vega un curioso edificio construido por el capitalista Xifré, se trata de un bellísimo palacio árabe que desde su construcción ha pasado por diversas manos y ocupaciones, desde delegación de México a almacén y tienda de venta de muebles. Pasada la calle de Lope de Vega podemos destacar una casa donde en 1872 Albareda tenia la redacción del periódico "El Debate", donde escribían notables personajes como Benito Pérez Galdos. Dentro de la misma zona también podemos destacar, esquina a la plaza de Neptuno, un palacete de estilo barroco mandado construir por el conde de Casal, un edificio emblemático de la capital que se levanta sobre lo que anteriormente fue el palacio de Lerma y después de Medinaceli.

En los jardines que bordean la calle de Trajineros se alza un pequeño monumento dedicado al doctor Alejandro San Martín, obra de Miguel Blay. Al otro lado y tras el paseo limitado por una línea de anchurosos bancos de granito colocados a finales del reinado de Fernando VII se alza un frondoso jardín en que unos hermosos ejemplares de cedros ocultan la vista de la magnífica fachada del museo del Prado. Ante el vestíbulo del museo se levanta la estatua de Velázquez, obra realizada por Aniceto Marinas y financiada por iniciativa del Circulo de Bellas Artes, obra que fue inaugurada en junio de 1899 con la presencia de Alfonso XIII. El museo propiamente es un palacio de magnifica traza neoclásica que presenta al lado del paseo su principal fachada con una elegante columnata. La construcción de la obra más emblemática del paseo sufrió un agitado recorrido, fue el mismo Carlos III quien dispuso la construcción de un museo de ciencias naturales para complementar la reforma y embellecimiento del paseo del Prado, obra diseñada y dirigida por el arquitecto Juan de Villanueva.

La obra iniciada por Carlos III se alargo durante todo el reinado de su hijo y su terminación fue imposibilitada por las interferencias provocadas por la guerra de la Independencia, lo que provoco su abandono y su paulatina destrucción, proceso que finalmente fue detenido por el rey Fernando VII por influencia de su segunda mujer, Isabel de Braganza. Gracias a esta iniciativa real se reconstruyó el edificio, momento en el que se comenzó a poner en practica la idea de instalar en el edificio un Museo de Pintura y Escultura, reuniendo las obras de arte mas considerables procedentes de los reales sitios, así finalmente el proyecto vio la luz el 19 de noviembre de 1819, pronto el museo aumentaba sus tres iniciales salas con otras nuevas reservadas a pintura italiana, alemana, francesa, flamenca y holandesa, finalmente se abrió también para las colecciones de esculturas, ampliaciones que son una constante de la historia del museo. Enumerar los conocidos fondos del museo no es propósito de estas notas, no obstante es de destacar que junto al más conocido fondo de pinturas tenemos que situar una interesante colección de escultura y de objetos de exquisita belleza como el Tesoro del Delfín aportada por Felipe V.

Delante de donde a principios des siglo XVII levanto el duque de Lerma su palacio, . se construyó una plaza de toros de efímera duración. Palacio que luego seria de los duques de Medinaceli y actualmente en los terrenos que ocupaba se encuentra el Palace Hotel.

Cuando el Prado cobró verdadera solemnidad fue a partir de la inauguración del real sitio del Buen Retiro. En la misma zona se levantaba los jardines de los duques de Maceda, los condes de Monterrey y los del marques de Carpio, jardines que con el tiempo darían paso al palacio de Villahermosa, la iglesia de San Fermín y el palacio de Alcañices, correspondientes éstos últimos después al Banco de España, calle de la Greda, casa del conde de la Patilla y palacio de los marqueses de Retortillo.

Un elemento destacado de la ornamentación del paseo son sus fuentes, elementos ya recogidos por el proyecto de José Hermosilla en tiempos de Carlos III, fontanas entre las que podemos destacar a de la Alcachofa situada al final del Botánico y que actualmente se encuentra en el Retiro, la de las Cuatro Fuentes, la de Neptuno, la de Cibeles y sobre todo la de Apolo, también llamada la de las Cuatro Estaciones, que ocupa el centro del que se llamo el Salón del Prado, fuente diseñada por Ventura Rodríguez y ejecutada por Manuel Alvarez.

El Salón del Prado en la época del romanticismo es descrito como un paralelógramo rectángulo de amplia superficie cerca de la Carrera de San Jerónimo y de la calle de Alcalá que se separa del paseo de coches por un antepecho de hierro bronceado. El Salón tenia tres paseos, que venían a ser privativos de las tres clases sociales, así la gente distinguida paseaba por el sitio amplio y despejado cerca de los coches, el pueblo llano paseaba por la arboleda próxima a San Fermín, y por ultimo se reservaba un estrecho espacio limitado por una serie de bancos que daba al paseo de carruajes, lugar llamado París por estar reservado a la más selecta concurrencia. Este espacio fue uno de los puntos de reunión de los madrileños en los reinados de Fernando VII y de Isabel II, zona de paseo que fue abandonada cuando el Salón fue trasformado en jardín, iniciativa llevado a cabo por el alcalde de la capital el marqués de Lerma en 1904, privando así a los madrileños de uno de sus espacios preferidos de diversión y esparcimiento.

Contiguo a la verja de los Jardines del Buen Retiro estuvo hacia 1885 y hasta 1924 el famoso teatro Felipe, construcción de madera que cumplía el papel de coliseo veraniego, siendo además famoso por ser uno de los centros más destacados en la representación del mal llamado genero chico. En las paredes de este teatro autores como Chueca, Valverde o Barbieri hicieron populares la música de obras como "La Gran Vía" o "De Madrid a París". En sus últimos días este teatro sirvió como centro sanitario y alojamiento de un Museo de cera.

Detrás del Felipe hubo un teatrillo de fantoches llamado Eden Theatre que no permaneció tanto tiempo como el otro guiñol de la zona, el situado en el solar del Tívoli, al desaparecer el Circo Hipódromo.

Entre los edificios del paseo y allá donde se levantaba el palacio de Maceda se construyó el palacio de Villahermosa en 1806. Por su parte en el jardín de los condes de Monterrey se edificó en 1746 la iglesia de San Fermín, muy popular por su reloj que permitía la interpretación de variadas piezas musicales, divirtiendo así a la concurrencia del paseo.

Hasta la calle de Alcalá, y volviendo por ella, se extendía el palacio de marqués del Carpio, luego de Alcañices, y el espacio ocupado por estos últimos edificios es el que corresponde a la prolongación de las calles del Sordo y de la Greda y a la casa de Retortillo, en la que tuvo su segunda instalación la Sociedad de Autores Españoles, la del conde de la Patilla y el Banco de España. Este último ocupa uno de los más hermosos palacios del moderno Madrid, de dilatada construcción que en sus líneas fundamentales aparece inspirada por el arte del Renacimiento. Los autores de los planos fueron Eduardo de Adaro y Severiano Sáinz de la Lastra, quienes iniciaron la construcción del edificio en julio de 1884 con una ceremonia donde asistió el rey Alfonso XII.

En la otra parte, llamada el paseo de las Víctimas, por ser la que tiene a su lado el obelisco de la Lealtad, se pueden destacar edificios de relativa reciente construcción como en Hotel Ritz, que se levanta sobre el terreno del antiguo jardín Tívoli, armonizando con el edificio de la Bolsa, además vemos alzarse en el solar de la Huerta de San Juan, convertida en parque de espectáculos con el nombre Jardines del Buen Retiro, el hermoso edificio del palacio de Correos y Telecomunicaciones y el nuevo ministerio de Marina. El palacio de Correos y Telecomunicaciones abre al Prado su parte más significativa, la galería de los buzones, formada por un amplio soportal, entre cuyos pilares penden unas solemnes y decorativas farolas.

El Prado, tal como quedo después de su formación definitiva, según la idea del conde de Aranda y la traza de Hermosilla, ha sido la vía augusta de las grandes paradas y las procesiones cívicas, de las cuales podemos destacar en el siglo pasado algunas celebraciones como las que se dieron por la proclamación de Carlos IV, siendo estas celebraciones las primeras oficiales en el paseo. Ligado a la realeza también se pueden destacar la entrada de Fernando VII en marzo de 1808 o la mascarada real que se celebro con motivo de la boda del monarca con María Cristina, a lo que podemos unir la festividades que celebraron la jura de la princesa Isabel o la de su boda. Con estas anotaciones hemos pretendido realizar una introducción antes de pasar a abordar de forma mas concreta y detenida los lugares más destacados y significativos del Paseo del Prado.


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